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100 años de una vida dedicada a la innovación educativa (III)

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Al terminar la primaria y de forma simultánea con sus estudios de Comercio, Luisa Elena decide estudiar un programa de tres años de formación de profesores de Educación Artística en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas. Es allí donde las experiencias culturales y sociales marcaron su formación, como su amistad con el reconocido pintor y escultor venezolano Francisco Narváez, quien fue su profesor de escultura.

La Dra. Luisa Elena afirmaba que le hubiese gustado transitar más de lleno el camino al arte. Estuvo por más de diez años oscilando entre el individualismo que significaba una vida dedicada al arte o consagrarse totalmente a la docencia, por lo que una vez tomada la decisión, entendió que la entrega debía ser completa, para poder ser competente.

En su vida en el campo educativo, la Dra. Luisa Elena transcurrió doce años como estudiante y 21 como profesora. De acuerdo a su visión, es en la Universidad Central de Venezuela donde converge la más amplia variedad de exponentes de nuestra cultura política y social.

La educación fue su razón de ser, su actividad primordial, su “programa de vida”, como ella lo llamaba. Desde 1936, a la edad de 18 años, se inició como docente de Educación Artística en el Colegio Católico Venezolano, en el Patronato de San José de Tarbes, el Colegio Santa Rosa de Lima y el Nuestra Señora de Coromoto.

Ya es en 1945 fundó, junto a Ana Teresa Serna Frías, su amiga de la infancia, y Teolita Troconis Guerreo, el Instituto Politécnico Educacional, 12 años antes de recibir su título de Licenciada en Educación, de la Universidad Central de Venezuela. Como docente de escuela se percató de que quería crear su “escuela soñada”. Sin embargo, ser fundadora y directora de una institución docente a los 26 años, sin amplia experiencia y con escasos conocimientos pedagógicos y capacidad financiera, fue lo que ella misma llamó “una aventura de gran riesgo”.

Ese mismo año de 1945, la Dra. Luisa Elena se inicia activamente en la vida política, en el partido Unión Republicana Democrática (URD), compartiendo con intelectuales de la talla de Elías Toro, Isaac Pardo, Miguel Otero Silva, Inocente Palacios y Jóvito Villalba, el cual abandona posteriormente ya que no se identificaba con los cambios que hicieron en la composición, ideología y misión del partido después de su fundación, para unirse luego a un movimiento independiente promovido por estudiantes e intelectuales para apoyar la candidatura presidencial del Dr. Arturo Uslar Pietri.

Más tarde, acepta la postulación como Diputada al Congreso de la República por el Distrito Federal y es designada para el periodo 1964 - 1969, junto a varios representantes de distintos sectores de la población, entre ellos, Ramón Escovar Salom y Nicomedes Zuloaga, siendo así parte del grupo de seis mujeres en la cámara.

La Dra. Luisa Elena Vegas no pudo mantener su labor parlamentaria por mucho tiempo, ya que se sentía incómoda ante la responsabilidad que tenía ese grupo de personas ante el país y la actuación que se desempeñaba, ya que no entendía “la irresponsabilidad y las componendas y concesiones basadas en el interés personal o de partido”, por lo que sintió que su sueño de contribuir a un cambio en el país se estaba destruyendo.

Sin embargo, esa experiencia le sirvió para afianzar aún más su idea de que “es la educación el camino para cambiar a ese hombre y esa mujer que tienen voz y voto en las decisiones de una democracia, sin estar formados en los valores éticos y en los principios cívicos que inspiran esta forma de vida”.

Ya en 1964 inicia una nueva aventura: Institutos Educacionales Asociados, junto a la Prof. Eunice Gómez, que nace de la fusión del Instituto Politécnico Educacional y el Instituto Educacional Altamira, bajo el principio del compromiso de las familias que actúan como socios naturales y transitorios: “La supervivencia y la evolución de la institución y de sus diferentes organismos dentro de estos principios, está en manos de los socios y depende de las dotes creativas, la capacidad para preservar y defender sus derechos, la voluntad de respetar los principios y cumplir con sus responsabilidades personales y sociales, el interés por la continuidad del proyecto como garantía para su descendencia… Quienes concebimos la idea y la pusimos en marcha, no sabemos si tendrá o no permanencia en el tiempo y si habrá quienes asimilen sus beneficios y la consideren digna de ser defendida para un futuro próximo”.

Hoy, nos queda agradecer profundamente a esta educadora cuya vida de 100 años deja un legado imborrable de educación innovadora, una educadora que se preguntó a lo largo de su vida  si realmente creía que había “educado a alguien”. Una pregunta que muchos hombres y mujeres de nuestra institución pueden afirmar positivamente, no sólo con palabras sino con hechos palpables.

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En las fotografías: Teolita Troconis Guerrero, Ana Teresa Serna Frías, Luisa Elena Vegas Vegas, 1947, cuando dirigían el Instituto Politécnico Educacional / Eunice Gómez y Luisa Elena Vegas en el comedor de la casa de Fina Gómez Revenga en París en los años 70 / Fachada del Instituto Politécnico Educacional en 1948 / Carta de renuncia de la Dra. Luisa Elena Vegas y Francisco Kerdel Vegas (primo) al URD en 1947 / Reseña periodística de la proclamación de Diputados ante el Congreso en 1963

Información y fotografías: Sobrevivimos a la Caracas del Siglo XX / Autora: Luisa Elena Vegas Vegas

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